
En días como hoy - nubosos y con lluvia- es, quizá, cuando el mar de mis adentros remueve la nostalgia y la melancolía.
Las olas de mis sentimientos vienen y van , igual que las mareas. Se rompen contra la orilla, desierta y vacía, preludio de un verano que se ha ido y de un otoño entrante con fuerza y pasión.
Cada gota de agua se esparce entre granos de arena, chocando con restos de piedrecitas y, como no, con minúsculas conchitas de lo que algún día - no muy lejajo quizá- pudo ser una almeja, un caracol de mar u otro ser marino.Son las esperanzas que se desvanecen, como las olas.Las ilusiones que se pierden en cada gota.Terminan, sin más, regando la playa en la que un día posastes tus pies y se quedaron, para siempre, grabadas tus huellas.
Tus pies hace tiempo que abandonaron la playa, la arena.Pero tus ojos, tus huellas, se quedaron en ella para siempre.Este mar nunca podrá olvidar todo el bien que hicieron todos y cada uno de esos pasos. Fueron un camino a seguir, una luz, un guía... que condujo al mar de mis adentros del más puro de los abismos y la desolación a la VIDA, a la luz, a la ALEGRÍA, al despertar de un mal sueño repleto de fantasmas y miedos.
Cada huella hizo posible que el mar luchara por salir de sus profundidades e intentara cada día ir un poquito más allá. Para así, lentamente, lograr alcanzar esa luz que , imaginariamente, lo llamaba, lo reclamaba, lo imperaba a que fuera FELIZ.
Uno de esos pasos consiguió, sin ni siquiera proponérselo, sin saberlo, que el mar diera un brinco y subiera a una nube frondosa, limpia , blanca, sedosa, tierna...donde contemplar de cerca y de lejos esa luz.
Hoy, sin embargo, mi mar ha bajado de esa nube, ha contrastado la realidad.Siente aflicción por no poder rozar tus pies con mis olas, con mis aguas, que , al fin y al cabo, son mis sentimientos desmedidos, profundos y, como no, agradecidos.
