
He dejado la barca atada a la orilla.Sentada sobre la arena , contemplo el mar y miro el cielo, repleto de nubarrones plateados.Está oscureciendo, hace frío, una leve brisa acaricia mi rostro.Comienzo a andar.Paso a paso mis pensamientos vuelan y llegan a flotar, como el corcho en el agua, dejándose llevar....Soy consciente de que evado algunas cuestiones que debería formularme,de que debería pararme y reconducir el sendero ...No quiero hacerlo, sólo deseo alejarme, sin más.No sé a dónde ir, a dónde llegar, hacia dónde viajar....¿Qué camino tomaré?. Lo desconozco, como desconozco los motivos que me han llevado hasta dónde me encuentro.Por ahora, son las mareas las que me guían, los días y las noches los que me atrapan y me retienen, las circunstancias las que me ahogan, y el quehacer rutinario el que me sostiene."Vivo sin vivir en mí......", decía Santa Teresa-.Cada mañana, miro el Sol, su luz brillante, su energía, su calor... y siento que me arropa, que me impulsa, que me empuja al movimiento, a reiniciar mi viaje.Pero cuando cae la tarde, este oscurecer temprano, neblinoso y azulado, matizado de un añil esperado, añorado , anhelado, se torna pesadumbre, cansancio, apatía y mal humor...¿Por qué? - me pregunto.¿Cómo es posible esta dualidad en la profundidad de mis mares?.¿Sabré nadar o me ahogaré en el intento de esta realidad hiriente llamada subsistencia?.
Me queda la esperanza de que mañana, como cualquier otro día, saldrá el Sol, e iluminará mi rostro, mis manos, mi cuerpo, ......dará luz a mis ojos , calor a mis aguas y reflejándose en ellas matizará mis días de la energía necesaria para seguir viviendo.