domingo, 16 de diciembre de 2007



Pasó el tiempo, cayeron las hojas de los árboles, llegó el viento gélido envolviendo nuestros rostros y nuestros cuerpos, cambió la vida en un momento y se heló mi mar, como las calles, desoladas...


“La independencia fue mi deseo,
la independencia fue mi destino”.


En mi deambular diario, transitando calles y caminos tan frecuentados y conocidos, redescubro un paisaje exterior diferente, triste, sin tantas luces y alegrías como antaño.Y un paisaje interior inshóspito, matizado de rojos y grises que asaltan a cada paso que voy dando.De pronto brota un naranja o amarillo que ilumina algunos sucesos o eventos y, al siguiente paso, un frío invernal hace temblar mi cuerpo y nublarse el alma...


Los días transcurren rápidamente, casi diría que vuelan más rápido y mejor que el AVE, que tantos problemas está causando.Las horas se hacen minutos y los segundos ni se perciben, no hay tiempo para nada, para lo verdaderamente importante y necesario, para VIVIR y para SENTIR.


Afortunadamente pronto estaré de vacaciones y tendré tiempo para escribir, leer ... y tantas otras cosas que he dejado olvidadas en estos días de premuras.Aún así, seguirán siendo días de soledades entrelazadas con pinceladas de compañía.


Ayer tarde, conversaba con una amiga, Rosa, por teléfono y le cuestionaba sobre todos los aspectos de su vida. Al preguntarle sobre el Amor, respondió: “¿existe?, ¿tú lo conoces?”.Nos referiamos al amor de pareja, ante lo cual, respondí: Por supuesto que NO, es más, creo que no existe.Se ha extinguido de esta tierra.Es pasajero, como todo en esta vida.Y, cuando llega, obnuvila la razón y daña al corazón.El amor me ha hecho aprender a sonreir por fuera cuando

por dentro está muerto el corazón.


“De tanto latir...mi corazón se ha parado”.