
Todos soñamos , de un modo u otro y con distintos grados de intensidad.Quizás mis sueños sean más profundos, más anhelantes y más locos, por lo imposibles o fantásticos que puedan resultar.
Percibo, a través de los nítidos cristales de la ventana soñadora en que me hallo, una nube esperanzadora, ilusionante y blanca, llena de pureza, la cual irradia una luz, que me transporta a un mundo fantástico, del cual no quisiera escapar, pues en él cohabitan la alegría, el deseo, los sentimientos, el nerviosismo y, como no, todas las sensaciones ávidas de experimentar y de vivir.
En ese cielo, azul celeste, limpio y cálido en el cual se encuentra mi nube, los miedos se hacen pequeños; la ilusión se engrandece, la esperanza se fortalece y la libertad se halla y se pierde al unísono.
Llueve, a pleno sol, radiante y estimulante.Pero no cesa de llover.La lluvia proviene de un mar profundo, parapetado por tantas y tantas rocas, unas más elevadas que otras, pero siempre ensombrecidas pur un colorido oscuro y pernicioso.
El arcoiris derrama sus tonalidades en el cielo zarco.Cada matiz prolonga su brazo hasta rozar su mano con mi nube suspirante; embriagándola, cada vez más, de ensueños que la hacen viajar y trasladarse de las montañas rocosas al verde prado, florido , estimulante y aromático en el cual encuentra la paz.
