
Paseaba por la senda de tu vida
y, en un instante,
encontré la rosa de tu jardín.
Me acerqué a olerla,
temerosa,
y su perfume,
embriagó mi vida, mi existir.
Tuve que marcharme,
presurosa...
aún así, su aroma
perdurará por siempre en mí.
(Elisa)
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El Sol nos olvidó ayer sobre la arena.
Nos envolvió el rumor suave del mar.
Tu cuerpo me dió calor,
tenía frío,
y allí, en la arena,
entre los dos nació
este poema.
Este pobre poema de amor para tí.
(Algo que me grabó un amigo)