domingo, 21 de octubre de 2007


Paseaba por la senda de tu vida

y, en un instante,

encontré la rosa de tu jardín.

Me acerqué a olerla,

temerosa,

y su perfume,

embriagó mi vida, mi existir.

Tuve que marcharme,

presurosa...

aún así, su aroma

perdurará por siempre en mí.

(Elisa)




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El Sol nos olvidó ayer sobre la arena.

Nos envolvió el rumor suave del mar.

Tu cuerpo me dió calor,

tenía frío,

y allí, en la arena,

entre los dos nació

este poema.

Este pobre poema de amor para tí.

(Algo que me grabó un amigo)