jueves, 17 de julio de 2008


Olor a sal,a mar, a arena mojada...Frescor danzante en mis pies.Paseo -de mañana- a la orilla de este mar en calma. La espuma blanquecina salpica mis tobillos y me invade un gran sosiego.Sol radiante, a pesar de los nubarrones grises que amenazaban tormenta al despertar.Juegan los niños en la arena, construyendo sus castillos soñadores, levantados con ternura, paciencia, alegría y bienestar.
Entre nubes algodonadas vuela una gaviota.Me pregunto: ¿a dónde irá?.¿Hacia dónde encaminaré mis pasos cuando terminen estos días de paz y tranquilidad?.
Tumbada -ahora- sobre la arena, cierro los ojos, abandono mi mente, mis pensamientos...percibo el sonido de las olas al romper contra la orilla, el susurro de esta brisa encantadora rozando mi cuerpo, acariciándolo, el calor del sol, acogiéndome, envolviéndome.Toco la arena, esta arena fina , ocre y fría, y, por unos instantes me confundo con ella, con el mar, con la brisa, con el sol...siento que soy parte de ellos...y continúo así, en quietud, en calma, en paz, en tranquilidad, en felicidad y dicha por poder gozar de estos días tan necesarios y anhelados...Me quedo dormida, y, al despertar, reconozco un sueño, un deseo...sensualidad.Sin dudarlo ni un momento más, me zambullo en las dulces aguas de esta playa, de este mar, que me acompaña - por estos días- en mi caminar.