domingo, 25 de julio de 2010

jueves, 22 de julio de 2010



El verano transcurre lánguido, bochornoso, perturbado...aunque interiormente, mi mar, observa el susurro del viento, sus explosiones huracanadas- momentáneas- los maremotos que acontecen, la calma tras la tormenta...el viento habla, y habla...manifiesta un tiempo de espera tras el cual acontecerán cambios importantes...presagios...Cada mañana, contemplo el sol , siento como acaricia mi piel o la quema, descubro un nuevo halo de luz, me zambullo en una nueva encrucijada, rebuscando una esperanza, una ilusión, una canción...lanzo suspiros al viento, derramo alguna lágrima por las circuntancias acontecidas , comparto emociones , tiempo pasado y presente, buceo en el mar de mis adentros purificando el fondo , despojándolo de la inmundicia acumulada por el paso de los años...transformación interior y exterior...



Aún así hay situaciones que apenas se modifican, a pesar de irse comprendiendo mejor.Siento que no quedan fuerzas para luchar contra corriente

CONSOLACIÓN

Alguna vez, vacilando por el cansancio , andando a tientas en la oscuridad, siento el deseo de caer para no levantarme nunca.Mas luego digo: en la hora de mi pena, haz de suerte que yo
oiga tu voz; y si ella me es anunciada por un alma cercana, haz que no traicione a la amistad o blasfeme del amor, y si el dolor me hiere un día, haz que en la tempestad comprenda tus palabras , ¡Oh Señor!
Y por no haber rechazado la prueba; por no haberme rebelado contra mi suerte y maldecido el amor; a pesar de los errores y pecados que me han acompañado a lo largo del camino; a pesar de las tentaciones y los recuerdos que me han asaltado por la espalda para hacerme caer en el fango; por el esfuerzo hecho para levantarme y caminar; por la palabra de consuelo que a nadie he negado; por una sola señal de bondad que haya podido dar; en la hora de mi muerte cúbreme, Señor, con tu misericordia.

miércoles, 21 de julio de 2010

sábado, 17 de julio de 2010

REGLAS DEL JUEGO PARA LOS HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES MUJERES


I

El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas de la piel,

encontrar la profundidad de mis ojos

y conocer lo que anida en mí,

la golondrina transparente de la ternura.


II

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

conque yo estaré al lado suyo.


III

El amor del hombre que me ame

será fuerte como los árboles de ceibo,

protector y seguro como ellos,

limpio como una montaña de diciembre.


IV

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo,

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.


V

El hombre que me ame

podrá encontrar en mí

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocuapaciones,

la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo de que el ancla del compromiso

le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.


VI

El hombre que me ame

hará poesía con su vida,

construyendo cada día

con la mirada puesta en el futuro.


VII

Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame

deberá amar al pueblo

no como una abstracta palabra

sacada de la manga,

sino como algo real, concreto,

ante quien rendir homenaje con acciones

y dar la vida si es necesario.


VIII

El hombre que me ame

reconocerá mi rostro en la trinchera

rodilla en tierra me amará

mientras los dos disparamos juntos,

contra el enemigo.


IX

El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega,

ni temerá descubrirse ante la magia

del enamoramiento

en una plaza llena de multitudes.

Podrá gritar -te quiero-

o hacer rótulos en lo alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso humano de los sentimientos.


X


El amor de mi hombre

no le huirá a las cocinas,

ni a los pañales del hijo,

será como un viento fresco

llevándose entre nubes de sueño y pasado,

las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron

separados

como seres de distinta estatura.


XI

El amor de mi hombre

no querrá rotularme y etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace cada día el comienzo de una nueva victoria.


(Gioconda Belli)