El silencio enrolla la habitación,apenas percibo en esta quietud hipnótica el escaso susurro del aire ,el paso lánguido de aquel caminante que regresa a casa tras una velada , tal vez de encuentros, tal vez de amor o desengaño. Puede que regrese del cine, o de tomar unas copas, de bailar, o simplemente de caminar.......Es la profundidad de la noche la que me arropa, la que me da calor, acoge y escolta, compañera inseparable de tantos sosiegos desvelados, importunados por algún qué otro sin sabor diurno.
En esta paz embriagadora no es laborioso especular sobre nuestros dilemas, ni embarcarse en un viaje imaginario donde reine la armonía, la felicidad, la dicha, el encanto ...todo aquello que fue añorado o deseado.Escucho música, escribo en mi diario, preparo un trabajo que he de presentar, mas mi mente vuela hacia otro lugar, hacia ese mar tan deseado, esa playa de arena fina, ese cielo inmaculado...Me acerco al balcón y puedo contemplar un cachito de cielo entre tanto tejado, y en él, mi lucero.Desde pequeña llamé así a una estrella que divisé a lo lejos.Cada vez que miro el cielo, la busco, y al encontrarla, renace en mí la niña que fui , por un momento se iluminan mis ojos, y, me doy cuenta, de que aún permanece en mi interior, porque sé, en el fondo, que nunca la dejé ir.Como tal vez no haya dejado ir otras cosas,¡ tendré que volver a hacer limpieza y sacar la basura fuera!.¡Ay, mi amiga Rosa!, qué alegría me das cuando enciendo el ordenador y te encuentro por esta ventana.Desde que has llegado no hago sino abrirla de par en par para ver si te veo y podemos conversar.¡Cómo echo de menos esos paseos de domingo, nuestras charlas y las comidas del bar!.Inés ha vuelto a ser mamá, aunque tú, Rosa, ya lo sabes, lo comentamos de balcón a balcón en esta nuestra plaza.
¡ Cúantas amistades!, y ya nadie por aquí, por mi ciudad, emigraron como las aves y a mí no me enseñaron a volar.