
Llueve, incesante y vigorosamente.Hace frío si comparamos con ayer.La tristeza y la melancolía se escoltan del retinto celestial.Todo está pardo, menos mi espíritu, que se ha despertado osado, vivaracho, alegre y cantarino.La música despertina enriquece mi vivir, inundándome de una energía que presentía perdida.Canto, no paro de cantar.Dicen que "cuando el español canta sus males espanta".¡Sabio refrán!.No hay nada mejor para el alma que cantar.Incremento el tono de mi voz.De pronto, soy consciente de que sólo son las 7.30 de la mañana.¡Pobres vecinos!.Aún así no disminuyo el volumen del CD. Es una inyección vitalista- para mí- junto con una buena ducha de agua cálida y el poder sentir el vientecillo frío rozando mi cara.Aunque el de hoy se asemeja más bien a una leve bofetada que a una caricia.
Para mi sorpresa me siento feliz.Ayer recibí algunos regalos de Reyes: una bufanda, un body-milk y gel de baño con aroma de magnolias, un libro, una báscula de cocina....Quedé con Inés para tomar café antes de entrar a la rehabilitación de mi tobillo, y pude gozar de la presencia de sus hijos, tan lindos. ¡Cómo han crecido!
La vida transcurre en un suspiro y, cuando nos damos cuenta, ha sucumbido.Al mirar a los niños y niñas que me rodean, tomo consciencia del tiempo acontecido, y es, cuando esos 40 que he cumplido hace unos meses, que no represento y que no siento, comienzan a pesar.Pero no por lo vivido, sino por lo que no he hecho, por lo que sé que no podré haceer o conseguir, como el fundar una familia, tener hijos...etc.
Indudablemente este tránsito cotidiano me ha apartado de muchos caminos que un día quise recorrer.Tal vez no fueran los más acertados o dichosos para mi existir, pero eran los que hubiese deseado antaño.Bien es cierto que las circunstancias, responsabilidades y demás me han apartado de ellos y que pudiera ser que no hubiese luchado con ahínco y tesón por conseguirlos.Tengo la certeza de que en esta existencia no serán recorridos.Esto no me entristece, todo lo contrario.Puedo sentirme orgullosa de lo que hago y, eso sí, marcarme como objetivo el seguir siendo feliz, gozar de la vida, vivir e intentar que mi YO interior, personal e intransferible se torne cada día más vigoroso y mejor, más auténtico.
Recordando las palabras que un día me dijo mi buen amigo, profesor y compañero de algunos caminos, cuyo nombre es nombre de rey...."buena suerte, mala suerte, ¿quién lo sabe?".