Estoy en el trabajo, llueve.Aquí no se percibe el frío, la calefacción es buena.Pienso en tí.No dejo de pensar en tí.El dejarnos durante estos días me ha dado más calma, más serenidad, pero no paz.Te echo en falta.Necesito oir tu voz, rozarte, tocarte, sentir tus ojos posados en mí, notar tu presencia.Hay miles de sentimientos y de sensaciones , encontradas y perdidas, revueltas en mi interior.Tengo miedo, pero al mismo tiempo me sobra valor.Definitivamente estoy loca.
Se confunden la tristeza y la alegría en mi mar, la bravura y la calma...Nunca antes había sentido de esta forma.Es tan...no sé, fantástico y maravilloso.Es , como si de pronto surgiera la vida de algo muy , muy dentro o profundo de mi ser que estaba muerto o dormido.No sabría expresarlo.Supongo que ahora soy capaz de comprender lo que decía mi jefa de no poder estar sin ganas.
Por otra parte, soy consciente de que hay otra dimensión de la vida, que se me escapa.De que hay ahí otra forma de ver, y de que estoy saliendo de mí misma.Voy abriendo poco a poco los ojos, voy creciendo.A pasos muy lentos, y tras tropezones, pero... evoluciono.Y tú, formas parte íntegra de esa evolución , de mi vida.No sé por qué, pero te quiero.
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Llevo prácticamente una semana metida en casa, de la cama al sillón y del sillón a la cama, sola, pues nadie viene a verme por miedo a contagiarse de la mononucleosis.Me ha tocado parar forzosamente el ritmo.Es como si el mundo se detuviera pero sólo para mí, porque ahí, fuera, la vida continúa a un ritmo desorbitante.Te llamé a casa, estabas contento, curiosamente , yo, también.Comentamos lo del virus y quedamos en hablar cuando me repusiera.
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