
Quisiera amar, Señor, necesito amar,
todo mi ser no es ya más que un deseo:
mi corazón, mi cuerpo, se alargan en la noche hacia un desconocido a quien ya amo,
y braceo en el aire sin encontrar el alma que abrazar.
Estoy solo y quisiera "ser dos",
hablo y no hay nadie que escuche
vivo y vivo, y nadie saca jugo a mi vida.
¿Para qué ser tan rico si no enriquezco a nadie?
¿Y de dónde viene este amor? ¿Adónde va?
Quisiera amar, Señor, necesito amar.
He aquí, Señor, en esta tarde, todo mi amor estéril.
Escucha, amigo. Párate un momento
y haz silenciosamente un largo viaje hasta lo más profundo de tu corazón.
Avanza a lo largo de tu amor recién hecho, como a contracorriente del río
hasta encontrar su fuente.
Y, al principio y al fondo del infinito misterio de tu amor inquieto, me encontrarás a Mí.
Pues Yo me llamo Amor y soy Amor, ya desde siempre, y el Amor está en ti.
Soy yo quien te hizo para amar, para amar eternamente,
y tu amor pasará a "otro/a-tú-mismo".
Es él/ella a quien buscas; él/ella está en tu camino desde siempre
sobre el camino de mi amor.
Ahora es preciso esperar su llegada:
él/ella se acerca, tú te acercas y os reconocéis.
Pues yo hice su cuerpo para ti y el tuyo para él/ella,
yo hice tu corazón cara a él/ella y el suyo para el tuyo,
y por eso os buscáis en la noche,
en mi noche, que se hará luz si confiáis en Mí.
Resérvate para él/ella, amigo mío, como él/ella se reserva para ti.
Yo os guardaré al uno para el otro.
Y, mientras, como tú tienes hambre de amor,
he ido poniendo en tu camino a todos tus hermanos para que los vayas amando.
Créeme, el amor necesita un largo entrenamiento,
y no hay diversas clases de amor, sino una sola:
Amar es olvidarse de sí mismo para ir hacia los demás.
Señor, ayúdame a olvidarme de mí por mis hermanos los hombres
para que, siempre dándome, aprenda a amar.
(Michel Quoist)
todo mi ser no es ya más que un deseo:
mi corazón, mi cuerpo, se alargan en la noche hacia un desconocido a quien ya amo,
y braceo en el aire sin encontrar el alma que abrazar.
Estoy solo y quisiera "ser dos",
hablo y no hay nadie que escuche
vivo y vivo, y nadie saca jugo a mi vida.
¿Para qué ser tan rico si no enriquezco a nadie?
¿Y de dónde viene este amor? ¿Adónde va?
Quisiera amar, Señor, necesito amar.
He aquí, Señor, en esta tarde, todo mi amor estéril.
Escucha, amigo. Párate un momento
y haz silenciosamente un largo viaje hasta lo más profundo de tu corazón.
Avanza a lo largo de tu amor recién hecho, como a contracorriente del río
hasta encontrar su fuente.
Y, al principio y al fondo del infinito misterio de tu amor inquieto, me encontrarás a Mí.
Pues Yo me llamo Amor y soy Amor, ya desde siempre, y el Amor está en ti.
Soy yo quien te hizo para amar, para amar eternamente,
y tu amor pasará a "otro/a-tú-mismo".
Es él/ella a quien buscas; él/ella está en tu camino desde siempre
sobre el camino de mi amor.
Ahora es preciso esperar su llegada:
él/ella se acerca, tú te acercas y os reconocéis.
Pues yo hice su cuerpo para ti y el tuyo para él/ella,
yo hice tu corazón cara a él/ella y el suyo para el tuyo,
y por eso os buscáis en la noche,
en mi noche, que se hará luz si confiáis en Mí.
Resérvate para él/ella, amigo mío, como él/ella se reserva para ti.
Yo os guardaré al uno para el otro.
Y, mientras, como tú tienes hambre de amor,
he ido poniendo en tu camino a todos tus hermanos para que los vayas amando.
Créeme, el amor necesita un largo entrenamiento,
y no hay diversas clases de amor, sino una sola:
Amar es olvidarse de sí mismo para ir hacia los demás.
Señor, ayúdame a olvidarme de mí por mis hermanos los hombres
para que, siempre dándome, aprenda a amar.
(Michel Quoist)
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